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Estrategias de manipulación

Proyección

Atribuirte sus propios defectos, impulsos o conductas, para no reconocerlos en sí misma y hacerte cargar con ellos.

Qué es

La proyección es atribuir a otra persona los propios defectos, impulsos, emociones o conductas, de modo que la persona abusadora evita reconocerlos en sí misma y consigue que la víctima cargue con ellos.

Es un mecanismo de defensa descrito desde los inicios de la psicología, y todas las personas lo usamos en alguna medida: nos irrita en los demás lo que no toleramos en nosotros. Lo que lo convierte en una herramienta de abuso es su uso sistemático y su combinación con otros mecanismos. Puede ser algo más o menos inconsciente, una forma de protegerse de una imagen propia insoportable, o algo más deliberado, una manera de desviar la atención. En ambos casos, el efecto sobre la víctima es el mismo: se encuentra defendiéndose de acusaciones que describen, con asombrosa exactitud, la conducta de quien acusa.

Ejemplos frecuentes

  • Quien es infiel o miente con frecuencia acusa a la pareja de infidelidad o de ocultar cosas, y revisa su móvil.
  • Quien manipula acusa a los demás de manipular: «eres una manipuladora», «lo haces para controlarme».
  • Quien grita o humilla describe a la víctima como agresiva o «violenta» por poner un límite o alzar la voz una vez.
  • Quien controla acusa de controlar: «no me dejas ser yo», «me asfixias».
  • Quien no escucha dice que la víctima nunca escucha; quien es egoísta acusa de egoísmo.
  • Atribuir a la víctima las propias intenciones: «lo que tú quieres es hacerme daño», «estás buscando que te deje».
  • Atribuir a la víctima los propios sentimientos: «estás enfadada» cuando el enfadado es él, «estás celosa» cuando quien siente celos es quien acusa.

Por qué desconcierta tanto

Las acusaciones proyectadas llegan con mucha convicción, y a menudo con mucha emoción. Como la víctima suele ser una persona con capacidad de autocrítica y deseo de hacer las cosas bien, se las toma en serio, las examina y empieza a dudar de sí misma. Además, el discurso se vuelve confuso: se acaba hablando de los supuestos defectos de la víctima y nunca de lo que hizo quien proyecta. Con el tiempo, la víctima puede pasar a vigilarse y a justificarse constantemente, o incluso a comportarse de la forma en que se la acusa, empujada por la frustración. Esa reacción luego se usa como «prueba» de la acusación.

Cómo ponerlo en perspectiva

Una acusación puede tener parte de verdad, y reconocer los propios errores es sano. Para distinguir la proyección conviene revisar si la acusación es específica o general («siempre», «nunca»); si coincide con la conducta de quien acusa; si el tono es desproporcionado respecto al hecho; y si el tema aparece justo cuando se le plantea un reproche. Una acusación que llega como respuesta inmediata a una queja suele ser una forma de evitarla.

Qué puedes hacer

  • Pararte antes de defenderte y preguntarte: «¿esto me describe a mí o a quien me lo dice?».
  • Revisar con alguien de confianza si la acusación tiene fundamento en tus actos reales.
  • No justificarte en exceso: explicar una y otra vez lo que no eres alimenta el debate.
  • Volver al tema original con calma: «ahora hablamos de lo que yo planteé».
  • Anotar acusaciones repetidas y comparar con los hechos: ver el patrón por escrito ayuda a reconocerlo.

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