← Volver a Información

Estrategias de manipulación

Desprestigio

Difundir una imagen negativa y distorsionada de ti ante tu entorno, para desacreditarte y lograr que, si hablas, no te crean.

Qué es

El desprestigio, o campaña de difamación (smear campaign), es la difusión deliberada de una imagen negativa y distorsionada de la víctima ante su entorno, con el fin de desacreditarla, aislarla y asegurarse de que, si habla, no será creída.

Puede ocurrir en cualquier momento del ciclo, pero es especialmente frecuente cuando la víctima empieza a poner límites, cuando anuncia que quiere irse y, sobre todo, después de la ruptura. A veces se adelanta: la persona abusadora comienza a hablar mal de la víctima a familiares, amistades, compañeros o conocidos antes de que ella haya dicho nada, de modo que cuando llegue el momento de pedir ayuda, el terreno ya está preparado. Se apoya en una mezcla de medias verdades, exageraciones, mentiras y fragmentos descontextualizados, que resulta mucho más creíble que una invención completa.

Formas habituales

  • Presentar a la víctima como inestable, «loca», celosa, controladora, mentirosa, adicta, mala madre o mala persona.
  • Contar una versión de la relación en la que quien abusa es el ofendido, el sacrificado o el que «lo ha dado todo».
  • Extender rumores en el entorno laboral, familiar, escolar o social, o en redes sociales y grupos de mensajería.
  • Anticiparse: «te va a contar cosas, pero no es verdad, está muy mal», para desacreditar de antemano lo que diga la víctima.
  • Mostrarse ante los demás como encantador, comprensivo y preocupado, de modo que el contraste hace más creíble la acusación.
  • Reclutar aliados o «monos voladores»: personas que, por convencimiento, por lealtad o por desconocimiento, repiten el discurso, presionan a la víctima o hacen de mensajeras.
  • Presentar denuncias, quejas o reclamaciones infundadas, o amenazar con ellas, para generar miedo y desgaste.
  • Difundir o amenazar con difundir información íntima, fotos o conversaciones privadas.

El impacto

El desprestigio duele por partida doble: por la injusticia de lo que se dice y por la pérdida de apoyos. Es habitual que la víctima se encuentre con que personas queridas dudan de ella, se alejan o toman partido por el agresor, justo cuando más las necesita. Esa pérdida produce vergüenza, rabia, indefensión y, en muchos casos, una necesidad urgente de «aclarar las cosas» con todo el mundo, que puede resultar agotadora y, a veces, contraproducente. También puede tener consecuencias reales en el trabajo, en la custodia de los hijos o en la vida social.

Cómo afrontarlo

Responder a cada rumor o intentar convencer a todo el mundo suele alimentar el conflicto y desgastar a la víctima. Quien conoce de verdad a una persona tiende a juzgarla por su trayectoria, y quien se deja convencer por un discurso sin matices probablemente no ofrecería un apoyo sólido en cualquier caso. Eso no quita el dolor de perder a quien se pensaba aliado, pero ayuda a ponerlo en perspectiva.

Qué puedes hacer

  • No responder con ataques equivalentes, aunque la tentación sea fuerte: pueden usarse en tu contra.
  • Guardar pruebas de lo que se difunda (capturas, mensajes, fechas, personas que lo han oído) y evitar borrarlas.
  • Elegir con cuidado a quién contarle tu versión: pocas personas, de confianza, y con hechos y calma.
  • Si hay difamación, amenazas o difusión de contenido íntimo, consultar con un abogado o con un servicio especializado; en algunos casos puede constituir un delito.
  • Dedicar la energía a lo que sí controlas: tu bienestar, tus relaciones sólidas y, si procede, tu protección legal.

¿Necesitas hablar con alguien?

Una colaboradora puede orientarte de forma confidencial y gratuita.

Pedir ayuda